martes, 2 de septiembre de 2008

Cuando las dudas crecen...

Esta pequeña historia que me enviaron es muy interesante, bueno, ustedes dirán...

Era jueves por la tarde, mañana viernes es feriado y no voy a trabajar, así que apenas llegué a mi casa, agarré mi listado y comencé a verificar que no falte nada:

Cañas, posa caña, banquitos, caja de pesca, frigobar, ropa, chaleco salvavidas, gorra, etc...

Si, en tres horas vendrán mis amigos a buscarme; pero hoy pasa algo raro, ¿Que le sucede a mi novia?, siempre me vuelve loco y se pone insoportable porque no le gusta que vaya a pescar, mas allá que siempre les mostré mis sanas intenciones de divertirme y siempre traigo alguna presa y fotos que acreditan mi legítima salida de pesca; pero hoy la veo tranquila, esmás sospechosamente tranquila y hasta emocionada que vaya a pescar. Tal situación me impacientaba un poco, a tal punto que le pregunté el porqué de su tranquilidad, a lo que ella responde:
- En realildad si me gusta que vayas a pescar pero no que me dejes sola, pero esta vez no te voy a decir nada para que vayas tranquilo.

Y si, todos dirán: este tipo es como la "gata frola" cuando no lo deja ir se va con bronca y ahora que lo deja ir está preocupado. Pero bueno, ese cambio repentino de actitud me puso suspicaz.

Es el segundo día de pesca en el Río Bermejo y no me ha llamado, yo miro el atardecer con la caña en mis manos y mientras recojo la línea para probar un nuevo tiro; de repente me vienen a la mente los llamados insistentes que solía hacerme siempre que pescaba, ¿y ahora ninguno?. ¿Será que en realidad me quiere dejar divertirme tranquilo o ella encontró "algo para divertirse"?.

Ya es domingo a la tarde y llego a mi casa, me baño y voy a verla; ella me trata como si me hubiese visto hace un par de horas; le pregunto que hizo y la noto un poco nerviosa pero respondo con frases medianamente creíbles.

Normalmente muchos amigos míos dicen irse a pescar por 2, 3 y hasta 4 días, pero la verdad de la milanesa es que en su vída tocaron una caña ya que se las pasan en casa de sus amantes, y creo que eso es una mentira muy común; pero yo que en realidad voy y pesco.

Esta vez me toca mi quedarme con las dudas y quizás estén creciendo un par de cuernos por ahí..., que le vamos a hacer, mucho no me puedo quejar si yo también estuve de ese lado de la historia, pero a nadie le gusta ser víctima.

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